Vuelta a la palabra en un poema:
los poetas puertorriqueños toman la noche..

 

Ana María Fuster Lavín

 

«Palabras, / como caravanas de hormigas / se arrastran y se mueven / en rigurosas líneas / y cargan pesados significados. / La labor del poeta / es borrar el rastro.» Sintaxis y poesía, del poeta y narrador puertorriqueño Hugo Ríos.

Sí, es cierto, soy aprendiz de poeta. La poesía es la voz de mis silencios, es como una medicina mágica que me salva de la locura de la rutina, de corajes, de pasiones invisibles... También es la herramienta del artesano de la palabra para crear nuevas dimensiones de la vida, para escabullirme entre las sombras. Escribir termina convirtiéndose en un acto tan necesario como respirar, comer, dormir...

Esto me lo confirma la potente poeta y cuentista Belia Segarra ---editora de La falda de jade (http://groups.msn.com/Lafaldadejade/)--,

desde su "búnker en Lares": «Escribir es una necesidad primaria, un deleite interno, un divagar por un mundo completamente ajeno que puede regirse por normas propias. Es crear esa idea de la huella productiva que de algún modo llegará alguna vez a algún lector dadivoso...»

Todavía muchos piensan que los poetas somos seres extraños.

La semana pasada un vecino me preguntó a qué me dedicaba, pensé en mi jornada corrigiendo la jurisprudencia del país y se me erizó la piel.

Respiré profundo y contesté «soy aprendiz de poeta». Se quedó con cara de qué diantre... Aun así, tomó valor: ¿poeta? Supongo que lo harás tan sólo cuando estás inspirada. Pensé que eso era cosa del pasado.

Esa noche me encontré con un divino grupo de boricuas, leyendo poesía, performeando, otros compartiendo una buena charla, un café o una cerveza en un punto íntimo del Viejo San Juan, sí, allí se puede....

Pensé que esa era una buena oportunidad para conversar, ¿la poesía es cosa del pasado? ¡Pero si está más viva que nunca!

El poeta aiboniteño Ángel L. Matos, editor de En la orilla

(www.enlaorilla.net) y autor del poemario Del silencio, la ciudad y otras pasiones in(é)ditas (Ed. Terranova), me comentó sobre su visión de la

poesía: «Pensar la idea de la poesía representa un acto entre lo tangible y lo sublime en el cual la frontera entre ambos se distorsiona, a veces se fusiona y, a veces, sencillamente se pierde. La poesía es para mí un acto natural de la vida en el cual el ser se condensa, se representa, se expresa, y cumple con su escrito una función básica de comunicación y otra función importantísima que es la social. También la poesía es juego en el cual el ser humano seduce mientras se deja seducir creando mundos a través de imágenes las cuales crean sensaciones y despiertan ideas, recuerdos, posibilidades y rompe con patrones y líneas como las que podrían ser el sueño o la realidad.»

Supongo que para nosotros escribir se convierte en una necesidad, la poesía es el medio. La poeta riopedrense Iris Figueroa --autora del poemario Desnudos al sur (EDUPR)-- intervino a mis palabras:

«Personalmente te diré que el escribir, además de ser una necesidad imperiosa, es un ejercicio para reconocer el universo que nos rodea, nos hace mas vulnerables a nuestro entorno. Escribimos para perpetuarnos de alguna forma y no morir en el intento de vivir con intensidad cada instante».

Sin embargo, la necesidad de escribir puede ser un reflejo de nuestra inconformidad ante la sociedad. Pertinentemente el poeta, cantautor y profesor universitario Ángel Pont, interrumpió: «Escribo porque tengo unas cuantas ideas de cómo podría ser el mundo, y no se cumplen, porque hay cosas que me resultan lógicas, y no se dan. Escribo porque tengo que invocar ese planeta que funciona como quiero y uno nunca ...»

Dándole cráneo a las palabras de Ángel Matos, Iris Figueroa y Ángel Pont, me doy cuenta de que no podemos huir de la poesía, como si fuésemos tecatos de la palabra, adictos a escribir. Se me ocurrió pensar, y si decidimos ya no ser poetas, pues casualmente en el micrófono abierto estaba en acción el poeta Juan Carlos Serrano, estudiante del RUM, aunque sólo llegué a escuchar sus últimos versos:

«....Hoy decidí no ser poeta / y darle la espalda a las musas, /

versos, rimas y estrofas / que conspiran tras mi indiferencia / que me inundan, que me rondan, / que me acechan y me alcanzan, / atormentando mi inconciencia / con su música y su magia...»

Entonces, me pregunto: ¿Será posible dejar de ser poeta, o es un simple juego de palabras de negar para reafirmar, o cosa de las musas, de la inspiración...? ¿Inspiración? ¿Existe verdaderamente ésta como detonante fundamental para el acto creativo?

La poeta Nicole Delgado fundadora del grupo de poesía Zurde, ganadora de varios certámenes literarios-- con su eterna sonrisa, me

contesta: «Sí, existe la inspiración, por lo menos personalmente. Aunque un poema no es para nada producto solo de la inspiración. En la mayoría de los casos, mis poemas surgen de un momento de claridad así medio sobrenatural (y que conste que yo no creo en nada sobrenatural, ni en divinidades ni en signos zodiacales ni nada de esas cosas). Siempre cargo con un bolígrafo y "mi libretita", ese es su nombre propio y si se me ocurre algo lo vacío ahí.

Siempre voy por ahí recitándome e inventándome poemas a mí misma, y cuando puedo detenerme en una esquina tomo nota de lo que me acuerdo del poema que me recité minutos antes. Esa es la parte "inspirada" de escritura, la que es bien burda, casual, instantánea(...)».

Así quedamos callados meditando en la intimidad de la noche sanjuanera, donde el poeta tiene la palabra y escuchamos a Mairym Cruz-Bernal con su voz tierna y profunda una de nuestras poetas de mayor presencia tanto en nuestra Isla como en Hispanoamérica, autora de poemarios como Ojo de loba, Soy dos mujeres en silencio que te miran, entre otros...<«Ana María, ser poeta es una manera de estar en el mundo, una manera de ver las cosas, una manera de sentir que te tritura el pecho, una manera de pronunciar las palabras en voz alta... ahí la poesía, aquello que te estremece, ese encantamiento encerrado en un poema que despierta al escribirlo, al leerlo, en el encuentro. La poesía es aquello innombrable que a veces está en un poema, pero no siempre. La palabra es el imaginario, la fantasía, el vehículo donde se crea del dolor la belleza como una obra de arte. La poesía te transporta de una orilla a otra cuando te urge salvarte.

Es la brisa del caracol, esa voz inconmensurable. No siempre aparece, pero cuando aparece, no hay dudas, he ahí la poesía de los dioses. Inspiración:

¡que va! Si andamos 3 pulgadas sobre la tierra. Que por qué escribo: cielo, escribo para no morir, (como el título de mi primer libro). Que qué me mueve... a veces me mueve un tú, a veces un yo de tantos que me habitan, a veces la mirada profunda de mi hijo, la risa campanaria de mi hija, pero siempre siempre siempre escribo como un acto profundo del amar, del orar, del volver al origen. La poesía como el sexo no son cosas para hablarlas, son cosas para hacerlas con toda la reverencia que se merecen. Ambas son la vida.»

Y qué más puedo decir en una noche que los poetas tomaron la ciudad y la palabra...
comentarios a: amfuster@prtc.net <mailto:amfuster@prtc.net>

Publicado en Claridad, semana el 18 al 24 de marzo de 2004 en Rojo, de Trasmano, pág. 30