Dulces rutinas matutinas
Diario de Ana María

 

Ana María Fuster Lavín

 

«Palabras, / como caravanas de hormigas / se arrastran y se mueven / en rigurosas líneas / y cargan pesados significados. / La labor del poeta / es borrar el rastro.»

Esta mañana llegué muy temprano a la oficina para adelantar todo el trabajo que tenía atrasado luego de la horrible y aburrida conferencia sobre seguridad nacional y ataques aéreos del viernes, todavía no entiendo de qué iba la cosa, pues a qué terrorista se le ocurriría atacar a Puerto Rico; además tuve la mente ocupada en las compras navideñas y en otras veinte mil responsabilidades. En fin, lunes de nuevo, antes de comenzar a organizar todo el papeleo, decidí revisar mi correo electrónico y alguno de mis graciositos compañeros me envió el siguiente chistecito: "¿Qué hacen 50 mujeres ahogándose en el Océano Atlántico?

--¡Hacen bien!"

En ese momento no supe si reír o indignarme por mis convicciones feministas, tú sabes cuando me molestan ese tipo de bromitas. Sólo suspiré, pues eran las 8 am y ya estaba agotada. Bueno, querida amiga de los recuerdos, tú me entenderás. Me explico a modo de itinerario matutino.

3:30am--Escucho el llanto del bebé (un duende de 15 meses) a través del monitor que tengo en la mesita de noche. Desperté de un brinco --con el corazón como motora en la fiebre-- pisé el mando del DVD que estaba en el piso (claro, se rompió). Al llegar al cuarto de Miguel (mi adorado terrorista nocturno), le puse el bobo o chupete, a modo de silenciador. Se durmió. Y me volví a la cama. Por supuesto, mi marido se había enrollado en la sábana como burrito mexicano. Me acosté sin taparme.

4:00am- Despierto con frío a buscar otra sábana, ya mi marido se había destapado y la sábana en el piso se me enredó el pie; por poquito cae al piso toda mi amanecida humanidad. Claro, el dedo pequeño chocó contundentemente con la esquina de la cama. Ya sabes cómo duele.

4:45am--Estaba soñando con Brat Pitt, justo cuando me iba a dar un beso: de nuevo el grito del bebé. Salgo corriendo, choco con el marco de la puerta (¿moverán las paredes durante la madrugada?), falsa alarma, quizás tuvo una pesadilla y se volvió a dormir. ¡Y yo desvelada, arrullada por los ronquidos conyugales y pensando en qué soñará Miguel, tan pequeñito, cómo es posible que tenga pesadillas; y luego, en todo lo que me esperaba en la oficina.

5:25am--Finalmente duermo.

5:35am--Miguel se despierta, suspiro resignada. Me levanto a buscarlo, prepararle y darle el desayuno (también al perro y al pájaro, menos mal que mi marido desistió de comprar aquel gato que vimos en la tienda el sábado), de fondo en la tele se oía a Barnie, un aterrador y desafinado dinosaurio violeta.

6:00am- Se despierta mi marido y le cambia el pañal y viste al bebé, en lo que me doy un veloz aseo y me arreglo para ir a trabajar con ropa de estreno y todo. Pa' que no digan... Siguen ahora los Teletubbies de fondo, sin comentarios.

6:20am- Beso conyugal, y devolución de un hermoso y bien vestido bebé. Papá se arregla para irse a trabajar.

6:25am-Mientras recojo la cocina y preparo las loncheras familiares, noto cierto olor polémico. Origen: bebé. Lo reviso y un aterrador desecho, cual pastel de masa side by side , con ropa embarrada de ombligo a la espalda.

6:40am-- Bañé al bebé.¿Por qué será que al principio grita como si lo echara al cráter de un volcán? Luego chapotea riendo empapando todo el baño y a su mamá, esa soy yo. Después llora, pues no quiere que lo saquen del agua. Por supuesto, que olvidé quitarme mi nueva blusa de seda; se encogerá sin duda, y con las libritas que tengo de más, ya verás a quién le cerrarán los botones...

6:45am--Vestir de nuevo a niño y también a su madre, yo de nuevo.

7am--Llevar a Miguel a casa de mi madre, ¿Qué, hoy durmieron hasta tarde? Me dice con cinismo cómplice. Sonrío diplomática y me despido. ¡Al carro!

8am-- Una hora de tapón y llego a la oficina.

Regreso a la pantalla de la computadora y releo el citado chistecito. Ahora creo que lo entiendo mejor, seguro que tú ya te habías dado cuenta, querida amiga de papel.

Luego, llegó el jefe y me dice, "te ves cansada, pero si todavía no hemos comenzado a trabajar. Motívate". Me pregunto: De qué iría aquel libro titulado: ¿Cómo ser mujer y no morir en el intento?

Ana María Fuster Lavín