Sables en la palabra

 

Jonás Diego Villarrubia

 

Los sables en la palabra

Por Jonás Diego

www.jvr.es

 

 

España que, para bien o para mal -según piense cada cual-  aún se llama así, cobija lenguas graciosamente viperinas con mucha sapiencia en sus células. La historia, que siempre nos recuerda qué pasos nos hemos guardar de imitar, parece repetirse. Tal parece que estuviéramos en un gobierno CEDA de aquellos del año 1934 – 35, con las reminiscencias del 31 al 33 y 36, por los errores de Azaña con la iglesia, y con un PSOE a punto de querer una revolución, pero que carece de saber qué tipo de revolución hacer. Pues todo vale para seguir en el poder.

Hemos de agradecer que a esas lenguas, no como les ocurre a otras, sus cuerdas vocales no las han convertido en hilos para mover sus bocas de guiñol, al son de lo que les dictan desde sus respectivos partidos  o por su empresa, interesada por un partido, con la que posiblemente se hayan pactado recíprocos intereses y de las que cobran cuantiosos dividendos.. A éstos no se les ve ascender a puestos, que son moneda de pago, en contraprestación por sus servicios lingüistas a favor de un solo idioma y a un solo partido. Dejémoslos a ambos equivocarse, o no, es lo bueno de la libertad. Es penoso recordar aquél “antes de octubre”, en el que en Asturias fue el acero y las balas las que se vieron forzadas a expresar sus reivindicaciones: nunca más. Zapatero ha demostrado su ignorancia a dirigir un gobierno (el cual se lo entregaron con las puertas abiertas en todo su territorio, en el que no había cerraduras entre sus habitantes, todos ellos españoles), en el que se van levantando muros de falsas ideologías donde se les niega la llave a quien no pertenezca a “los suyos”. Me recuerda a un tiempo de Indalecio Prieto y de Largo Caballero . Como digo, todo para no caerse del poder. Aun cuando esto, desgraciadamente nos dan a entender, les pasa a toda la política actual.

Es bueno, es necesario, que todos puedan acceder a poder expresar sus ideologías o su religión (aunque siento decir que, sobre las ideologías, a mi parecer nunca han existido, ni existirá una que sea pura -salvo la de ese hombre que, fuere o no lo fuere, bien mereció el calificativo de Dios y que hasta su muerte marcó el inicio de nuestro actual calendario-, y que no esté entre los componentes de sus cimientos el ansia de imponerse sobre las demás, el dinero y el poder).

Al igual que en la II Republica, Cataluña busca la suya propia... y algo más. Me parece muy bien que lo intente. Está en su derecho y puede que lo consiga; el ser o no ser, está en el voto de “todos los españoles” y de lo que dimana de la constitución en vigor. No obstante ha de recordar, la historia lo aconseja, que si quiere que algo dure, nada ha de imponerse; ni tan siquiera la obligación a mantener entre sus habitantes la lengua o su historia... y mucho menos imponer el silencio a los demás. Cataluña es una maravillosa región multicultural, que tiene en su seno apellidos, con pendones de toda la España, algunos nacidos de ellos en esa tierra catalana, que merecen también el derecho a ser respetada su “palabra y pluralidad nacional”.

Si bien es cierto que hay bocas viperinas que  sobresalen sobre las demás, esas bocas nunca pueden, ni deben ser acalladas, si lo que expresan es su libre opinión, bien les valga su decir a unos o a otros. Parte de las leyes se realizan para amparar, si esa opinión es perseguible, al agraviado. Si así lo creen: denúncienles, están en su derecho.

Al “talante”, un estado de ánimo que por sí mismo no decía nada hasta ahora, ya no es necesario decir si es bueno o es malo u otras opciones, ya que nuestro presidente, bueno... no sé si será mío, ya que aún no sé si él mismo sabe que debe ser presidente de “todos” y... como no pienso como él y soy seguidor del equipo de fútbol, Cádiz y del Madrid...; y eso a pesar que por mi parte tengo el deseo de un mundo en el que impere una igualdad social, y que, “hasta ahora”, he sido votante de sus siglas. Volviendo al “talante”, a secas, desde que se lo ha apropiado Zapatero , se ha vuelto en “lo hago porque me da la gana” y en un callado consentimiento de los que dicen: “y tú te callas”.

La oposición, que actualmente la veo débil, sea en su momento del partido que sea, tiene la obligación de vigilar y denunciar al gobierno de todo aquello que crea que es mejorable o que pueda hacer con sus decisiones daño a la integridad de España y todos los españoles. Nunca ha de valerse de la mentira ni de aquello que pueda crispar a la vida pacifica... La critica a un político, nunca es un ataque a un pais ni a la comunidad que representan, como nos intentan hacer ver para incitar al pueblo en su favor. Crean enemistad entre regiones que en la realidad se aman y tienen tanto en común... Es un recurso de los políticos cobardes que jamás tendrían que representar a nadie. El gobierno, en lo de la paz, tiene mucha más responsabilidad que nadie para que sea así.

Los medios de comunicación no tienen límite, no se les puede poner límites en sus libres opiniones políticas, sean partidarios de un partido u otro. El gobierno ha de cuidar, es su responsabilidad, que sea así. Duele ver cómo cada gobierno, nunca como ahora, intenta que estos medios sean en superioridad partidarios de su color. No obstante, si alguien quiere imponer unos medios de comunicación silentes y el gobierno lo deja hacer, comete delito el terrorista de la palabra, tanto, pero menos, que el propio gobierno. Y si el terrorista es un electo de parte de un pueblo... No hay adjetivo para vejar educadamente lo suficientemente a ambos.

No soy religioso. No soy antirreligioso. Soy respetuoso con tantos y tantos que piensan así, de una u otra religión. Jamás intentaría acallar a quienes representan a cerca de mil millones de seres en el planeta y que, salvando los errores del pasado, tanto bien social hacen.

Prefiero los sables en la palabra, a que sean los de acero y plomo los que hablen.

 

 

Jonás Diego Villarrubia