¿Se esconde Dios?  

Jonás Villarrubia
Con comentario de Adriana Molsalve

 

Los años se amontonan en mi piel y las experiencias de esos años me hacen concebir infinidad de preguntas. Siempre he tenido la convicción de que el hombre y no sólo el hombre, el universo mismo, era algo milagroso, y que como tal sólo podía haber sido creado y regido por una alta divinidad.

Soy español, de la quinta que nació en el cuarenta y siete. Nacer en ese año quiere decir que, con ese ser que estaba en el poder, que entraba en las procesiones bajo palio y que nos gobernaba como dictador, prácticamente nací católico por obligación.

Mi educación, primero hasta los cuatro años, dentro de una familia que era más o menos creyente (mejor digamos miedosa del castigo infernal), y luego, hasta los doce en un internado, fue, desde luego, “muy católica”.

Siempre he estado contento con mi fe; he sido un fiel creyente, no he de negarlo. Y aún hoy practico algo lo inculcado en tantos años: es muy difícil deslavarse la mente, así, de repente. Pero mi fe real se define ahora diferente, quizá como algo político; como algo más hacía una defensa de derechos morales y humanos regido con un leve pensamiento cristiano, en su concepción del amor y como un seguidor de su mejor ley: “trata al prójimo como a ti mismo”. Lo de querer a todos tus prójimos, ya es más difícil. Te lo hacen muy difícil día a día.

Muchas veces, cuando veo abrirse una rosa; cuando en un atardecer de verano el sol pinta de sangre las nubes bajas, mezclándose con los primeros luceros del venir de la noche: me digo a mi mismo que nadie, más que Dios, puede estar tras esa maravilla. Luego hago largo recordatorio de mi vida con el fin de encontrar un solo momento milagroso, o de alguien que lo haya vivido (con clara convicción de buscar un milagro real, naturalmente) y me hago cruces de que todo lo ocurrido tiene una connotación fraudulenta o una explicación científica; a pesar de que aún, esa explicación, no sea coherente con nuestros conocimientos actuales y la encaminemos hacía lo parasicológico. No contento con eso, e intentando encontrar resquicios de mi antigua fe, miro a mi alrededor y sólo veo en qué semejante ruina humana vive el necesitado que ocupa mi propia ciudad, y eso que es una ciudad que se dice “sin hambre”; veo también la curia de desmandados y desmandares que por doquier domina el mundo y, de repente, Dios se esconde, desaparece.

Tengo miedo, miedo de perder esa fe que me introdujeron sin que yo la escogiera; ni que diera permiso para grabármela. Fue introducida en mi mente como memoricé y grabé la tabla de multiplicar: inolvidable. Mintiéndome me digo cobardemente a mi mismo: “si muero con fe, alguna ilusión tendré mientras viva con ese sueño. Ya que si muero y no existe nada, nunca me enteraré de ello”. Cielos, cuanto daría que, en vez de haberme enseñado a creer en un paraíso inexistente, me hubieran enseñado a vivir en concordia con los demás; a comprender la vida, y a saber que ésta es algo pasajero; que hay que saborearla despacio, beberla tranquilo y en paz con los demás, y, sobre todo saber, que tras la digestión habré de terminar. Necesitaba que me hubieran enseñado a no tener miedo a finalizarla y recibir su final con dignidad.

Puede que esté equivocado. Y hasta es seguro que algunos se harán la señal de la cruz al leer este artículo. ¡Ojo!, que también reconozco que mi ignorancia puede hacerme estar equivocado y que exista algún Dios de alguna de esas múltiples religiones que abundan en este mundo. Pero hay que joderse, ¡eh!, porque si es así, ¡que escondido se mantiene! No sale jamás, ni ante tanta injusticia que se realiza a diario a miles, millones de niños, no se muestra tampoco ante tanta desgracia provocada por seres sin corazón. Seres, que como decía Einstein “con la sola medula se rigen, no tienen cabeza” Y sin embargo ahí están los que se dicen sus ministros, de una y otra religión, no se salva ninguno : ¡ viven como “Dios”!, en sus palacios, catedrales, iglesias; gobernando la mayoría del capital existente en la tierra y dictando unas leyes según les conviene en cada momento. Hasta, de alguna manera, se atreven a bendecir a los que no desaprueban el terrorismo.

Sin embargo, he creído, creo, en esos hombres que se juegan la vida por los demás, ya sea como misioneros o en ONGs defendiendo sus convicciones, ¿religiosas? ¡No!, creo éstos hombres son seres especiales que, de una manera u otra, y sin necesidad de tener conocimiento de ninguna religión, a pesar de ello, seguirían dando su vida por los demás.

Dios y Diablo están en el hombre. Somos dioses y somos diablos. Podemos escoger lo que mejor nos convenga. Al menos por mi parte me siento mucho más feliz queriendo a mis amigos, a mis vecinos, no odiando a nadie ni guardando ningún rencor “mucho tiempo”, cometo errores porque soy humano y seguiré cometiéndolos. Y seguiré, porque aún tengo miedo, porque no estoy libre de las enseñanzas que inculcaron de adolescente y veo constantemente la sombra de Dios salir de mi mente, asistiendo a misa y a comulgar. Pero lo hago en recordatorio y aceptando la invitación a compartir el pan de un hombre que hace 2.002 años, los mismos que viven como Dios, dicen que fue, Él, quien fue Dios. Y es que si no lo fue, por su historia y enseñanzas para amar, mereció serlo.

No hace más de unos meses que murió una amiga mía. Tenía tan sólo cuarenta y seis años. Murió como una de tantas personas que mueren todos los días, deseando terminar con su sufrimiento: llena de tubos, con morfina hasta los ojos y perdida toda noción de quién era.

No sé si estará en algún lugar mejor que éste, no lo sé. Entre bromas, y no tanto, nos prometimos, antes de estar tan enferma, que aquél que se fuera antes volvería a dar una muestra de la existencia de “ese otro lado”. Día a día espero con impaciencia que llegue ese momento. Pero debe de estar prohibido y no deben de dejarle hacerlo.

Estoy seguro que el hombre, la mujer, son eternos. Mi amiga se fue, pero en mi corazón, y en otros muchos, está como el primer día, y en él vivirá mientras yo viva.

Por eso, y para terminar, creo en que existe Dios. Y lo creo firmemente porque, el hombre, la mayor parte de los hombres, le llevan en el corazón. Pero estar seguros de que es un Dios que vive mientras vive el hombre que le cobija, y que ese particular Dios, morirá con cada hombre.

Jonás Diego Villarrubia

 
 
 

 

 


comentario de Adriana Molsalve :

 

Hola Jonas. no sé si es éste el lugar para comentar artículos. Si me he equivocado me lo dices.

Leí tu artículo ¿ Se esconde Dios? Interesantes las preguntas que te formulas, y que muchas personas con criterio abierto deben hacerse, pero creo que confundes la existencia de Dios con religión. La religión que te inculcaron desde pequeño, con un Dios antropomorfo , dictador y permanente observador y crítico de todas nuestras acciones, ofreciéndonos un cielo o un infierno. ¿ Y qué si Dios es todo? ¿ Qué si Dios es la naturaleza que se prodiga por entero a todas las criaturas, sin reparar en su comportamiento? Que el mundo fue creado por una inteligencia suprema, parece lo razonable. Nuestra mente es incapaz de concebir la nada, como también es incapaz de comprender la eternidad retrospectiva: los inicios. ¿ Inicios de qué?

Creo que lo mejor es vivir de acuerdo con los dictados de nuestra conciencia, dejando esas interrogantes para quienes decidan abrumarse. Creamos lo que creamos, la verdad es sólo una, y está fuera de nuestro alcance.

Adriana Monsalve