El tiempo y el espacio 2  

Jonás Villarrubia

 

No hace más de cinco años que escribí un libro titulado: “El Universo en Preguntas de Pedro”. En él un niño hace diversas preguntas a su amigo, ya adulto. Éste, desconocedor de muchas de las curiosidades del pequeño, sabedor de su desconocimiento científico, hace acopio de su propia filosofía y le responde con los únicos conocimientos de una persona que no pasaría más que ser un ser extremadamente curioso, filósofo y soñador, pero no fantasioso.

Una de las muchas preguntas que respondería al curioso de su pequeño amigo Pedro, era sobre la posible composición de esas zonas del espacio en el que predomina la oscuridad absoluta. Zonas en las que, en el parecer de muchos, la nada, el vacío de materia, es la que impera. Al responderle le decía al pequeño que no había nada de vacío, paz, armonía y mucho menos soledad, en esos lugares del espacio denominados de “materia oscura”.

Todos sabemos que dentro de las Galaxias, en el centro de las mismas, existe una enorme y sólida masa de densidad inmensurable que va devorando a la espiral de materia galáctica que le rodea y que se acerca lo suficiente para no poder escapar de su gravedad. Los astrónomos les vienen a llamar, a ese voraz centro, “agujero negro”. Estos tienen la propiedad -según van incorporando a su densa masa hasta sistemas interplanetarios como si se trataran de simples motas de polvo- de despedir enormes cantidades de energía dependiendo de la masa absorbida. De ahí la gran luminosidad de los centros galácticos, y que por dicha absorción de esa materia podemos ver la mayoría de los núcleos de las galaxias. No vemos al “agujero negro”, lo que observamos es la reacción de la materia que se absorbe al cambiar su estado atómico.

Decía, al responder a mi pequeño amigo, que las zonas oscuras no eran otra cosa que grandes tractores, antiguos núcleos de una o varias galaxias, que tras quedarse sin materia que añadir a su “cuerpo”, quedan convertidos en un único núcleo de densidad de materia imposibles de ponderar. Su oscuridad viene de la enorme gravedad de la que son poseedores, y dado que han absorbido toda la materia que les circundaba en el espacio, a menos que se les acercara alguna nueva forma de materia lo suficientemente grande para que su misma reacción energética no fuera absorbida, no existe la reacción atracción-expulsión de energía, y por ello no hay nada que ilumine el espacio en esas zonas (La energía resultante de la absorción de materia por los agujeros negros, es debido a la pérdida de espacio entre sus átomos, partículas y electrones, y al formar, todos ellos, con el “agujero negro” una sola entidad). Los brazos gravitatorios de estos cuerpos de enorme densidad son tan extensos, que absorben cualquier tipo de energía que se le pudiera aproximar, incluidos los fotones y cualquier forma de energía electromagnética; de ahí su oscuridad de cualquier tipo de energía cuando no absorben ningún nuevo cuerpo con masa. Son verdaderos tractores a donde se dirigen mucha de la materia del universo.

Venían a decir, en algunas revistas especializadas dedicadas a la astronomía, que bien pudieran ser zonas de polvo sideral o materia paralela (antimateria). Pero ninguna de las dos pudieran ser una realidad oscura. Nos lo viene a decir con su ejemplo uno de los “seres” (como lo denomina una revista seudo científica) que intrigan al mundo estudioso del cosmos, el 1E 1740. 7-292, al que le vienen a llamar el gran aniquilador. Dicen de este elemento que es una gran fábrica de antimateria y por ende uno de los mayores emisores de rayos gamma. El universo está resultando un respondón que hace cambiar de opinión a sus estudiosos y eruditos en cada pequeño descubrimiento que hacen.

Decía, entonces también, que los brazos gravitatorios pueden llegar, en algunos casos, a superar la velocidad de la luz. Y efectivamente, es mi teoría, que los grandes agujeros negros, sus brazos gravitatorios, la pueden superar en velocidad. Y ahora digo más: la gravedad es el medio que existe, está presente, tanto en la mecánica quántica como en la cosmológica y que carece de masa: sus efectos en el universo son casi instantáneos y no tiene fin su repercusión sobre los demás cuerpos o partículas. Aunque su fuerza de acción sobre los demás, depende de su masa y la distancia entre ellos. Su acción bien se podría parecer a una fila de fichas de dominó. La primera interactúa sobre la que le sigue y aún cuando se haya debilitado la primera acción, el primer empuje real, la penúltima actúa sobre la última, con la misma fuerza que la primera sobre la segunda. Toda materia, desde la más minia partícula, es poseedora de la fuerza de la gravedad y ésta no tiene nada que ver con la energía electromagnética, aunque sea parecido su comportamiento y puedan llegar a sumarse ambas fuerzas.

Los cuerpos densos, la masa colapsada de los agujeros negros, en contra de lo que dice la clase científica del cosmos, es la forma de mayor estabilidad en la que se puede encontrar la materia y por ende sus elementos quánticos (aún cuando en ellos ya no existen como tales). En ellos la materia, átomos, partículas etc, dejan de ser individuales unificándose en un todo y perdiendo toda su energía al perder su espacio vital entre sus componentes atómicos, antes de formar parte de ese cuerpo único. Es por ello que, a mi parecer, pierde su efectividad la teoría de la singularidad, un cuerpo único, del cual comienza nuestro universo. Nunca, su lenta densificación con sus añadidos de materia, (vista desde una visión cosmológica) llegaría a ser causa de una explosión, a menos que fuera impactado por otro, de similares características, y que consiguiera de nuevo “atomizar” (cuantificar) sus componentes.

La astronomía es un gran cuento que cambia su historia y de protagonista cada vez que alguien lo cuenta y cambia el escenario. Pero no crean que la ciencia ficción está presente sólo en la pluma de los grandes escritores y pensadores futuristas. Está también en los grandes hombres: nobles físicos que no han sabido retener su ilusión y lo han expandido exagerando sus propios cálculos y deducciones, haciendo creer a la gente cosas imposibles presentando formulas imposibles de rebatir por su propia imposibilidad de comprobación.

   La triste realidad, es que no es posible, ni nunca lo será, el retorno al pasado, como tampoco lo es, ni lo será, el hacerlo al futuro. Nunca se viajará, al menos no lo harán elementos orgánicos ni partículas pesadas con volumen superior al fotón, a la velocidad de la luz -si su densidad no es superior a la fuerza fuerte interna que tenderá a ser obligada a expandir (desintegrarse) sus elementos cuánticos por efecto de la velocidad), Dicho de otra manera, una pequeña porción de un agujero negro, del tamaño de una partícula como el fotón, sí podría ir a la velocidad de la luz. Jamás podremos atravesar un agujero negro para ir al otro lado del universo ni viajar dentro de una “cuerda” para atravesar el cosmos; todo son patrañas de ilusionista (salvo la posibilidad de introducirse en un remolino gravitatorio creado por un elemento superdenso –agujero negro- y poder salir de él antes de ser absorbido y sumado a su masa). Todo nuestro sistema solar, que fuera devorado por uno de esos súper tractores, al formar parte de él, no llegaríamos más allá del tamaño de la luna y, eso, exagerando y dependiendo de que grado de densidad haya llegado ese cuerpo. Es cierto que la gravedad distorsiona el espacio, es ella la que mecaniza el cosmos. Un rayo de luz que lo atravesara se vería, al final de sus confines, yendo en dirección del giro universal. Pero jamás retrocedería ni avanzaría en el tiempo. El Universo es plano con una forma parecida a la que tiene una galaxia como la nuestra, guardando, como es lógico, las proporciones de cada cual.

La gravedad en cada cuerpo tiene varias capas activas, por ejemplo: La Tierra, nuestro querido planeta, tiene varias capas gravitatorias en su propia composición. Supongamos (como en la sorpresa del regalo de las cajas, -una caja pequeña introducida en otra más grande y así hasta el infinito, si se quiere) que tenemos un pequeña pelota; de esta pelota surge una cuerda con una canica en su otro extremo, la pequeña pelota está dentro de otra que a su vez tiene también su cuerda, algo más larga, y su canica correspondiente y así hasta que uno quiera o hasta alcanzar el tamaño terrestre y la canica el fin del sistema solar; cada pelota gira a una velocidad diferente, por lo que la canica que se encuentra en el otro extremo gira de forma estacionaria a su pelota o “capa gravitatoria”. Así se comporta nuestro universo. El centro tira de los cuerpos adyacentes y estos de los siguientes y así hasta el confín del mismo, hasta la última espiral. Es lógico que la teoría del caos aquí sea la más efectiva en el caso de fallar un solo de estos cuerpos, aún cuando el evento sea mínimo, sea como fuere tal suceso dadas las proporciones del mismo Universo.

Claro que se puede ver el pasado, lo estamos viendo a diario en la luz que no llega de las estrellas, estrellas que no existen en algunos casos cuando vemos su luz. Y también podríamos ver, si dispusiéramos de la tecnología necesaria para hacer visible de forma coherente –como si fuera una película- la luz que nos llega de ellos. Exagerando la tecnología podríamos ver –sin poder hacer nada- lo que ocurría en el tiempo en el que fue despedida su luz y que en esos momentos nos llega. Entonces los podríamos ver, con sus seres y circunstancias en su vivir diario. Tampoco jamás podremos ir a un tiempo que ya pasó, y menos ir a un tiempo donde no ha existido aún. A pesar de que sería un sueño lograrlo, es imposible. Alguien se puede imaginar, mover todo un universo en movimiento, un segundo antes para retroceder en el tiempo y mucho menos un segundo no nato. O es que alguien se puede imaginar retroceder en el tiempo dejando el resto del universo en el mismo estado en el que comenzamos a retroceder. No es posible aun cuando fuera posible viajar a la velocidad de la luz o superarla. Meditemos que un cuerpo que, en su viajar, se fuera acercando a la velocidad de la luz y que fuera en su tamaño inicial el de una canica, podría llegar ocupar un lugar equivalente al que ocupa en el espacio nuestro sistema solar, y mucho más.

Si bien es cierto que la misma formula de Einstein no es nada más que aproximada -no hay duda de su vital importancia, pero se podría decir que solo fue algo para poder evaluar el poder energético de la materia-, el resultante real de su formula, en lo que corresponde a la energía resultante de la desintegración de la materia, se elevaría a números que él mismo no podría imaginar. El mismo Big Bang es imposible tal y como se intenta teorizar que ocurrió de forma singular. Como antes indicaba, la materia, en esos elementos o “seres” de inmensurables densidades, está más organizada y en reposo que nada que se pueda pensar en el universo. Y estén seguros que todo lo conocido en física se va al garete dentro de esos elementos súper gravitatorios. No hay átomos, él es el único “todo”.

Si sólo concurriera un solo elemento en el espacio no existiría la gravedad fuera de sus fronteras físicas, no habría nada que atraer. Pero sería imposible que su propia y lenta contracción originara una explosión de las características que se le atribuye al inicio de nuestro universo, en un cuerpo que ha sido densificado lentamente, sin el casual y violento choque de una gran masa. Algún día se podrá llegar a la convicción de que, para llegar a conseguir algo así, se necesita otro elemento de características similares que impactaran uno contra el otro, o, simplemente, que fueran de diferente carga: materia-antimateria. Recordemos que la explosión de una nova se origina por la violenta implosión de sus gases al chocar violentamente con un núcleo denso, por no tener, en sus capas interiores, reacciones termonucleares que, con su constante expansión al exterior, compensen y eviten la tracción de su núcleo, y eso siempre que sea un sol de grandes dimensiones, Pero un “agujero negro” sólo podrá ser excitado por la colisión de otro de las mismas características y siempre que sea de forma violenta, no rotacional u orbital.

Amigos: cuando el Sol se vaya al final de sus días, suponiendo, cosa imposible, que sobrevivieran sus planetas a su expansión, y éste colapsara: El sistema solar seguiría funcionando como un reloj, pero en órbitas diferentes y en una oscuridad total, salvo la luz que algunos planetas, por sí mismos -como Júpiter- dieran. La repercusión gravitatoria de la totalidad de la materia del sol en actividad, como una vez colapsado, es la misma. Salvo por la fuerza de expansión que hace al explosionar su materia nuclear que resta a su fuerza gravitacional sobre los demás cuerpos que orbitan en él. Con ello quiero decirles que se encontrarán múltiples sistemas planetarios con un pequeño "agujero negro".

¿Saben ustedes?, y para terminar: Tengo la convicción de que el hombre nunca llegará, el mismo que salga de la Tierra, a otro sistema solar. Tampoco debemos esperar la visita de un ser extra-galáctico que venga a nosotros. Mucho antes de que pudiera ocurrir un evento de estas características, se habrá aniquilado así misma nuestra especie y quizás nuestro planeta. Más nos vale intentar hacer todo lo que nuestra imaginación de sí, dentro de nuestro propio sistema, pero sobre todo en nuestro planeta. Cuidémosle, mimémosle: es lo único que tenemos y que tendremos. Luego, si de verdad sabemos hacerlo, dentro de cientos, miles, millones de años, cuando el sol vaya calentando más por su mayor reacción termonuclear en sus capas exteriores, puede que en el mismo satélite de Júpiter: Europa, podremos hacer un gemelo de nuestra querida Tierra. Al menos, eso, no es una ciencia que sólo sea ficción, muy bien pueda ser el único futuro viable de los humanos para sobrevivir en el tiempo.

El tiempo no existe, el tiempo sólo es una sucesión de eventos por el que ha de transcurrir cualquier suceso y que el hombre mide con un reloj. Cuando viaja a la velocidad de la luz, y también muchísimo antes, es cierto que se ralentiza todo para el que lo hace, si fuera posible viajar con nuestra masa, pero lo hace, no porque se curve el espacio tiempo, sino  porque cambia su estructura molecular, sus componentes atómicos se separan variando su tamaño y por ende su frecuencia en su movimiento quántico; en un hombre –que no es otra cosa que parte de la materia del universo-, se ralentiza su metabolismo al ralentizarse su estructura atómica. Como veréis, viajar ayuda a no envejecer pero no soñéis con volver en el tiempo.

Jonás Villarrubia.