¿Eres Humano ?  

Jonás Villarrubia

 

Hoy debería ser feliz. En parte lo soy… estoy vivo y doy gracias a la providencia por ello. Pero no, para qué mentirme, no es cierto que lo sea de forma plena. Ni tan siquiera que esa sensación me dure más allá de unos segundos.

La vida es tan dura... Joder, otra vez buscando culpables. ¡La vida es como es!, somos nosotros lo que la hacemos tan dura y penosa, hasta para poder llegar a ser feliz lo ponemos difícil. Día a día me pregunto ¿qué?, ¿cuál es nuestro cometido, por qué estamos aquí?, ¿qué nos hace tan diferente a las bestias, a las plantas que nos acompañan en la vida de este planeta?; seres, éstos, que poco a poco eliminamos también. La respuesta es tan negativa... que intento engañarme. Y termino no reconociendo que, desgraciadamente, lo que nos diferencia es el ser, lo contrario de lo que nos hemos definido, más irracionales, irresponsables y despiadados que cualquiera de los depredadores de la más inhóspita y salvaje estepa.

No crea, soy el primero que me emociono profundamente al ver esos actos heroicos, aquellos que en un serial o película nos presentan esos extraordinarios artistas de la cinematografía. Sin embargo, sinceramente, miro dentro de mí, y veo que tras unos minutos lo olvido y compruebo que hasta me siento indiferente ante la miseria que puebla las calles de cualquier ciudad, de mi ciudad, de mi pueblo; hasta incluso de mis vecinos. Aquellos que veo en su desgracia son personas al igual que yo. Con una vida, su vida, con un mundo propio como pudiera ser el mío, pero con la mala suerte de ser indigentes; ser pobres de mente o económicamente. Los vemos o lo oímos en las noticias, entre anuncio y anuncio, con el horror de un solo instante. La mayoría de las veces apenas percibimos esos eventos, pues nos cansan con “compre usted esto o aquello” y luego nos quieren, con semejantes horrores, tocar la fibra más sensible mientras saboreamos un buen plato de comida caliente. En esas noticias, en esos reportajes vemos a los que hoy, o cualquier día, de un invierno, de un año cualquiera, un día de extremo frío, habrán muerto en las calles, habrán fallecido de hambre o de frío, mientras dormían a cielo abierto a tan bajas temperaturas. Y, sí, me duele reconocer, aun cuando sé que en unos minutos olvidaré que me ha dolido, que ese dolor me dura el instante de oírlo, pues luego sigo con mi vida particular, dentro de mi mundo particular. Lo curioso es que, ¿a que también les pasa? se nos va olvidando mientras recogemos o limpiamos la mesa y tiramos a la basura la mitad de la comida que no hemos sido capaz de comernos por su abundancia; oiga, y mire que son miles de toneladas de alimento los que van al vertedero a generar fétidos olores que contaminan con sus gases el medio ambiente. Luego cogemos unos dulces que aumentarán nuestro peso, nos sentamos a ver la televisión a volver a encogernos con lo que los demás sufren; ¡qué buenos están los dulces!, es lo único que, de lo que pensamos, nos queda en la memoria.

Y así, día tras día, veo con horror que me acostumbro a ver en la televisión las escenas de muerte, las calles llenas de cadáveres producto de una u otra guerra, o de la ambición de gobernantes propietarios de cientos de palacios, que deja morir de hambre a sus súbditos. No, ¡por todos los santos! no crean que la primera vez no me sobresaltó, repito que soy un ser humano; hasta asistí a concentraciones de protesta por la guerra, las guerras. Pero eso ya pasó y noto como cada vez se me encoge menos el corazón; y así día tras día. Hasta que un día cualquiera nos dan la noticia de que alguien conocido ha fallecido en la misma guerra en la que antes vimos a cientos de muertos, y ya no nos dolía. Pero es que, éste ¡joder que es uno de los “nuestros”! Es alguien que nos es cercano, alguien que nos es cotidiano o de dentro de nuestra familia. O ni eso, es familiar de un político que nos presenta la noticia como algo que nos corresponde la responsabilidad a todos. Lo curioso es que nos convence. Es entonces cuando nos rasgamos las vestiduras y sentimos que algo ha ocurrido, y que es muy grave, que es diferente a los demás muertos, todos juntos, ¡miles de ellos! Que dejan de ser importantes ante lo nuestro. Nos lanzamos a la calle a pedir PAZ, el fin de esa terrible e injusta contienda, y lo hacemos en un principio de corazón, con el sentimiento encendido. Luego, en esa misma manifestación, nos encontramos con personas que piensan diferente a nosotros y nuestra ira se enciende y deseamos devorarlos, matarlos y si podemos lo hacemos. Se nos olvidó a que fuimos, ¿para qué era esa manifestación? Y acompañamos a aquellos que destrozan lo ajeno, les reímos como incendian viviendas, locales y golpean a quienes no les simpatizan, porque en este caso el muerto, ¿era un muerto?, nos ha tocado de cerca.

No, no soy feliz como soy. Y lo malo es que no puedo cambiar. Me doy cuenta que yo soy lo más importante en la vida, ¡en el mundo! Lo que me prima es que me oigan, que sepan que existo, que crean que sé hacer bien todo y todas las cosas y que en todo soy imprescindible. Ah, y eso de escuchar a otros... bueno, a veces sí. Depende mucho si estamos tomando una cerveza que me ayude a pensar en la mosca que le rodea al que habla y, así, afirmando con la cabeza, cree que lo escucho. Y es que, en definitiva, para qué oír sus sandeces que no entiendo, Y es que aun cuando venga de alguien sabio... ¿es que acaso no sabe que soy mejor que los demás? Sé bien, aunque me mienta creyendo lo contrario, que ni oigo, ni nadie oye lo que dicen los que nos rodean, a menos que sea para nuestro interés, ni me importa, ni nos importa un carajo lo que les ocurra. Porque todos somos, cada cual así lo cree, un mundo que creemos que es el único y el mejor que existe.

Hoy, que me toca sincerarme, me doy cuenta que somos, soy, el mayor depredador, el mayor aniquilador de todas las especies, incluyendo la mía: sobre todo si tocan algo de mi parcela.

¿Un ser humano? Sí, así nos llamamos, porque ¿saben?, nosotros pensamos lo que hacemos: cuando matamos, robamos, menospreciamos a los nuestros... ¡Pero qué dice! ¿Ha pensado que usted es diferente? Bien, lo siento, no sabía que usted es un alienígena.

 

 

 

 

 

Jonás Diego Villarrubia

 
su correo milibro@elnuevolibro.com