¿Titeres y tirititeros ?  

Jonás Villarrubia

 

Me siento avergonzado de ver como los hilos invisibles que nos manejan cada vez son más fuertes, esos hilos que te manipulan y te atan, no ya de brazos, manos y piernas, que también, si no desde lo más adentro de nuestro yo, de nuestra alma. Son tan “espirituales” (por lo etéreo) las cosas que nos cuentan para que admitamos las ataduras, que a veces hasta nuestra mente queda azorada sin saber dónde está la verdad y mucho menos quién la dice; os contaré a qué viene esto.

Ayer, día 15 de Marzo de 2.007, un día antes de la manifestación contra la guerra de Irak, me acerqué a una conferencia basada sobre, como no, la guerra de Irak y que daba una asociación de vecinos de una ciudad de la periferia de Madrid, de esas en la que no se da buffet, pero la gente asiste. En ella el conferenciante sin darse cuenta quizá, ya que es una persona que conozco y presumo que es buena persona, tomaba partido buscando un culpable que ya lo daba por hecho, y de paso, al menos me parece, y subliminalmente, que recordáramos la convocatoria y cacerolada del día siguiente.

De la guerra de Irak, salvo el culpable, sepa Dios quién es (lo digo de esta manera para no tomar partido alguno, no porque no crea quién) y me refiero al de verdad, al que pensó de forma egoísta y “maligna”. En la antedicha conferencia se visualizó una película, que ya conocía de haberla visto antes en Internet, en la que se mostraba burdamente, con poca idiosincrasia y menos neutralidad: pasajes del comienzo de la misma, la reunión de las Azores y entremezclada en la misma los horrores de Irak, pero curiosamente, mezcladas entre dichas imágenes, no creo que ellos se dieran cuenta, imágenes de los crímenes de Zambia y Afganistán (perdón, en Afganistán no hay guerra ni crímenes, son accidentes). La “película”, como todas de esta clase en la que se toma partido, estaba rodada de forma de que si la ves dos veces te dan ganas de ponerte unos explosivos en la cintura y, como mártir, cosa que está de moda, cargarte a los que en ella se dice que son culpables inmolándote al tiempo. Pero claro, si luego pasamos la cinta que hacen los contrarios nos encontramos con otros horrores, más de lo mismo, de los muertos del 11-S. Con los cuerpos destrozados de los marines, que poco después nos dicen, y para ello nos muestran imágenes, que ha saber de dónde y cuándo son, de estar estas “victimas” dando unas chocolatinas a unos niños iraquíes, y claro los hilos se tensan por los dos lados y llega un momento que hasta yo, que estoy en medio y no sé nada de ello, al menos de la verdad verdadera, la “fetén”, me siento culpable, pues una de dos: o son los dos culpables o son los dos inocentes, y eso no puede ser. Gracias a que sabemos que el fuerte es el que lo puede siempre remediar no empezando la pelea, por lo que por lógica le cae la mayor responsabilidad y mayor culpabilidad si cabe; los otros “dos”, ya se imaginan a quienes me refiero, eran y son tan títeres como nosotros.

Estás tonterías que acabo de anticipar viene a que nos utilizan todos, medios de comunicación, políticos, etc. Y lo hacen de tal manera que cerramos los ojos para aquél que nos cae “gordo” y leemos con avidez y tomando partido del que creemos que es de los nuestros, y ¿saben?: nadie es de los nuestros, todos son suyos, y de un yo del que no tiene cabida nadie más, tan solo el poder y el dinero: “la pela”.

Miren ustedes: uno de los periódicos que toman partido por la izquierda, hasta uno que era monárquico (y lo digo con causa y saber, ya que trabajé como corrector en él durante diez años), acompañado de otra radio y televisión (multitud de canales), que pertenece a un grupo que ese grupo pertenece a un señor multimillonario que le importamos todos un “carajo”. Pero señores, por causas que desconocemos, dinero o parte de algún pastel será, toma partido por la izquierda, pero ojo, no una izquierda ideológica que reparte, no, si no de una izquierda que barre día a día con todo tipo de manifestaciones visuales y parlantes y partidistas y dándonos una versión propia de lo que eran los hechos antes de publicarlos, ya que una vez convertidos a su manera dejan de ser la verdad, pero... ¡Dónde está la verdad? Ya que si nos vamos al otro lado, aquellos periódicos y canales de radio y televisión que se identifican con la derecha, también llamado así mismo centro, su versión, si es la que vemos ordinariamente, nos convencen de lo contrario y los de derechas son unos santos y los del otro lado son el mismo diablo, pero que curiosamente, también, los propietarios de estos medios son multimillonarios. Y en medio, peleándonos por darles la razón a uno u otro, estamos los demás, pero ¡ojo! Nadie de “demás” es millonario, más bien cerca de un sueldo mínimo de 600 euros, nos dicen un sueldo acorde a Europa (en Francia, que los precios de los productos de consumo son como los de aquí, el salario mínimo es de 1500, así que, ¡joder! no protestemos que estamos en Europa) y mientras nos pegamos ellos se toman un vino de la mejor marca, además de otras lindeces, mirándonos a ver quién gana como si estuviéramos en una tabla de ajedrez. Peleándonos, decía, y defendiendo su “verdad”, que es esa que por medio de ese tipo de videos del que hablaba y que se presentó en la antedicha conferencia, nos convencen los de uno y otro lado, dependiendo a quién leamos, oigamos o veamos más, hasta matarnos en muchas de las ocasiones, y para que no crean que exagero véase la historia desde la edad de piedra hasta nuestros días. Siempre ha sido lo mismo, los “paganini”: nosotros, los títeres movidos por el poder y el dinero (por ellos, que siempre son amigos y nunca se pelean físicamente – que para eso estamos nosotros-), en suma: son unos magníficos titiriteros. Lo que espero, por nuestro bien, y me da pena decirlo, es que las cuerdas “democráticas” que nos atan no se rompan, pues al quedar libres ...

 

 

 

Jonás Diego Villarrubia

 
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